La educación de la sexualidad: un medio de prevención de la explotación sexual comercial
Por: Álvaro Campos Guadamuz
Director del Instituto WEM
Instituto Costarricense de Masculinidad, Pareja y Sexualidad
(San José, Noticias de la OIT) La atención integral de la explotación sexual comercial de niñas, niños y adolescentes requiere la combinación de acciones en diversos ámbitos: desde el nivel legal hasta el preventivo, pasando por el educativo. En investigaciones llevadas a cabo con hombres en torno a su percepción de la explotación sexual comercial (Campos y Salas, 2004; Campos y Salas, 2007), una de las conclusiones fundamentales fue la necesidad de llevar a cabo programas de educación sexual integral con la población masculina y la promoción de una vivencia sana y responsable de ésta. Así mismo, es necesario que el personal que atiende a las víctimas cuente con elementos que le permitan entender la sexualidad desde una perspectiva integral. En el presente artículo se proponen algunas tesis centrales sobre esta temática.
En la sociedad circulan pensamientos, mitos o ideas distorsionadas acerca de muchas situaciones y hechos relacionados con la vida de las personas, los que muchas veces limitan, inhiben o impiden que las personas lleven a cabo determinados comportamientos. La sexualidad humana no es excepción, pues existen muchos mitos e ideas distorsionadas en torno a la educación para la sexualidad. Entre ellos, los más comunes son:
- La sexualidad es únicamente una manifestación biológica, por lo tanto, los procesos implicados son instintivos y no necesitan ser “enseñados”.
- La sexualidad es algo que ocurre entre personas adultas, por lo tanto, no se necesita un proceso de enseñanza-aprendizaje desde la infancia.
- Brindar información sobre la sexualidad humana a niñas, niños y adolescentes puede provocar que se les “despierte la curiosidad” e inducirlos a una erotización temprana.
La sexualidad humana tiene que ver con la forma como las personas nos relacionamos, nos damos afecto y compartimos nuestros sentimientos, vivencias y pensamientos y está presente en relaciones fraternas, paterno-filiales, de amistad, de pareja. Las relaciones interpersonales de intimidad que establecemos con las demás personas, en donde está presente la capacidad de disfrutar y gozar, son también una manifestación de la sexualidad, aunque no sean relaciones de tipo coital o genital. Por tal razón, en la sexualidad humana están presentes:
- Un componente afectivo: sentimientos y lazos afectivos que tenemos con los demás.
- Un componente ideológico: ideas y pensamientos que la persona tiene con respecto al cuerpo y a la sexualidad misma.
- Un componente de socialización como hombres y mujeres: este aspecto se refiere a la forma cómo hemos sido socializados los hombres y las mujeres, es decir, la forma como la sociedad y la cultura nos han enseñado a vivir la masculinidad y la feminidad. Este aspecto es determinante a la hora de establecer relaciones interpersonales tanto con varones como con mujeres (Cómo se distribuye el poder, la equidad de derechos intergenéricos, la manera como entendemos el papel y lugar de la otra persona según su género, entre otras).
- Un componente ético: en la sexualidad se expresan valores humanos, por lo tanto, una sexualidad integral supone el respeto por los valores y derechos humanos básicos. En este aspecto puede incluirse un componente espiritual ya que puede ser un medio de trascendencia hacia la energía universal.
- Otros componentes propios de una vivencia protagónica de la sexualidad en el plano erótico (Desarrollo del vínculo erótico en la pareja, la capacidad de disfrutar de la genitalidad, etc.), en aquellas personas que se encuentren psicológica y físicamente maduras y preparadas para ello.
Tomando en cuenta lo anterior, podemos plantear los elementos fundamentales de la sexualidad, desde una perspectiva integral de la siguiente manera:
- No puede reducirse sexualidad a lo biológico ni a lo genital: la sexualidad es la expresión integral del ser humano en cuanto hombre y en cuanto mujer, expresión que no se limita a lo genital.
- El fin de la sexualidad humana no es la reproducción, sino fundamentalmente el amor, la constitución de vínculos, la vivencia del placer. La procreación es una de las tantas funciones de la sexualidad.
- En la sexualidad humana existe una ética fundamental: proveer placer sin hacerse daño físico ni psicológico ni a sí mismo ni a la otra persona. Ésta sería la única restricción a la sexualidad: en el contexto de una ética social de respeto a los derechos humanos. Las demás restricciones propias de la cultura patriarcal son innecesarias y son normas al servicio de la dominación y del control social. En la medida en que se controla y regula el placer sexual, las clases dominantes se garantizan que la libido será transferida a la productividad social y al trabajo alienado.
- No existe una sexualidad natural. La diversidad sexual sería lo más propio y característico de la sexualidad humana. Diversidad en cuanto objeto de preferencia sexual, diversidad en cuanto prácticas sexuales, diversidad en cuanto modos de vivir la sexualidad.
- La sexualidad es una relación social, por lo tanto, el establecimiento y constitución de vínculos afectivos es consustancial a la experiencia sexual. La relación con el otro, qué significa el otro para mí, cuáles sentimientos me provoca y me despierta, el compromiso afectivo que la relación sexual conlleva, etc., constituyen dimensiones fundamentales que deben tomarse en cuenta para la vivencia de una sexualidad integral.
- La relación con el propio cuerpo, la aceptación del mismo como algo positivo, el conocimiento de las zonas erógenas, la capacidad para proveerse placer a sí mismo en una actividad autoerótica, etc., constituyen también dimensiones fundamentales de la sexualidad humana.
- El cuestionamiento permanente de los valores, creencias, normas, etc., en torno a la sexualidad y en torno a la feminidad y masculinidad también son pilares integrantes de una vivencia plena de la sexualidad.
- Por último, para una comprensión plena de la sexualidad no puede dejarse de lado la dimensión “responsabilidad”. La sexualidad integral implica un acto de responsabilidad, en el sentido del cuidado que debemos tener con nuestros sentimientos, con nuestro cuerpo, con nuestra salud física y mental así como el cuidado que le debemos al otro.
Como vemos, la sexualidad humana está determinada por múltiples aspectos muy complejos (Psicológicos, culturales, sociales, eróticos, biológicos y de género, entre otros). Una vivencia integral y responsable de la sexualidad requiere, por tanto, de una adecuada educación en relación a todos esos aspectos. Educación no es sinónimo de transmisión de información. Y, ¿Cónde recibe nuestra población la enseñanza de la sexualidad integral? No basta una lectura o lo que los medios de comunicación presentan. Una enseñanza de la sexualidad con una visión integral supone tener la oportunidad para que las personas puedan conversar de sus inquietudes, dudas y temores libremente; supone que puedan reflexionar, analizar y cuestionar cómo es la vivencia de su sexualidad, relacionando e integrando su parte afectiva, sus valores, sus sentimientos y sus conocimientos.
En la región centroamericana la población cuenta con muy pocos espacios de formación en donde tenga la oportunidad de aprender a vivir la sexualidad de una manera integral y responsable. La educación sexual que se ha impartido en el sistema educativo se ha orientado fundamentalmente a la parte biológica ¿En dónde, en qué espacios la gente puede educarse acerca de su vida de pareja, acerca de sus derechos como personas en el contexto de su vida íntima, acerca de la equidad genérica, etc.? Estos aspectos son procesos psicosociales y no se nace con ellos, se aprenden por medio de la socialización, que empieza desde el nacimiento. Por ello, la educación para la sexualidad debe comenzar desde que somos bebés y prolongarse a lo largo de la vida. Es obvio que los contenidos y temáticas deben de adaptarse a las necesidades y características propias de cada período del desarrollo de la personalidad.
Sin embargo, la estrategia del silencio ha atravesado la socialización sexual de las personas. Ignorar, callar, negar u omitir cualquier referencia o información explícita acerca de la sexualidad ha sido una práctica social que parte de una premisa falsa: creer que es mejor no hablar de la sexualidad porque se puede cometer el riesgo de “provocar” malicia en las niñas, niños y adolescentes y, por tanto, acelerar un proceso de “precocidad sexual”. Esta creencia es errónea ya que hablar de la sexualidad no necesariamente acelera el interés sexual de las niñas, niños y jóvenes. La información precisa en materia sexual, así como el análisis crítico de valores y creencias en torno a la sexualidad y a la relación entre las personas, por el contrario, posibilita una vivencia más responsable de la sexualidad, menos cargada de prejuicios y con más probabilidades de incorporar la dimensión ética en sexualidad y relaciones humanas.
Si una persona dispone de información amplia, objetiva y científica, con diversos enfoques acerca de la sexualidad; si tiene la oportunidad de expresar sus dudas, de reflexionar sobre su propia socialización, sobre su vida afectiva y otros aspectos, es muy probable que pueda vivir su sexualidad de una manera integral y responsable.
Entendido de esta manera, la pedagogía sexual comprende al menos dos acciones: la información y la transmisión de valores.
| En la región centroamericana la población cuenta con muy pocos espacios de formación en donde tenga la oportunidad de aprender a vivir la sexualidad de una manera integral y responsable. | ||
Para que sea un proceso continuo que acompañe al sujeto a lo largo de la vida, se requiere diseñar y ejecutar programas de educación sexual formal e informal para población infantil, adolescente y adulta. La educación sexual no es patrimonio exclusivo de alguna de las instituciones sociales. Por tal razón, debe ser un esfuerzo conjunto de las diversas instancias socializadoras: familia, escuela, iglesia, estado, medios de comunicación social, organizaciones de la sociedad civil. En este aspecto, la educación sexual es una decisión política y debe ser parte de una estrategia de salud y educación públicas.
Una didáctica de la sexualidad podría definirse como el arte de enseñar a comprender y vivir la sexualidad. Pero, dicho así, queda claro que no existe una didáctica neutral. Podría existir una didáctica de la sexualidad cuya finalidad sea la reproducción del discurso oficial patriarcal y represivo en torno a la sexualidad o una didáctica de la sexualidad alternativa. Para ello es preciso cuestionarse entonces qué es eso que llamamos sexualidad ¿Es posible una definición de sexualidad alternativa a la que nos propone la cultura patriarcal?
El discurso oficial de la sexualidad occidental se caracteriza por el control del cuerpo y sus placeres. Desde que el sujeto nace en esta sociedad sufre de una serie de controles y restricciones sobre su cuerpo. Se le enseña desde un primer momento que hay “partes prohibidas” en su cuerpo y que no puede tener acceso libre a ellas, so pena de provocar escándalo en el medio que lo rodea. El discurso oficial acerca de la sexualidad se aprende desde el momento mismo del nacimiento y es precisamente la familia la que se constituye en la primera instancia ideológica de reproducción de una visión mutilada de la sexualidad humana. La sexualidad es entonces, algo que al sujeto se le ha negado desde siempre y, por tanto, una manifestación que debe ser regulada y controlada. Esta mutilación y alienación de la sexualidad se remonta a muchos siglos atrás en la historia social del sujeto humano.